25 de diciembre de 2012

un vampiro y un lobo para navidad

Un vampiro y un lobo para Navidad



Resumen



Martin siempre se preguntó si su soledad duraría toda su vida. Eriol, un vampiro de más de doscientos años siempre supo que iba a encontrar a su pareja, pero ¿Cuándo? Leo siempre fue infeliz y rencoroso. Desde la muerte de su padre juro la venganza con los vampiros.



Ahora, ¿podrán afrontar, cada uno, lo que le destino les tiene preparado?

Si quieren descargarlo, desde aqui
  

Aqui les dejo para que disfruten:



E
sta historia empieza con una simple pregunta: ¿puede el amor superar cualquier barrera? Sigan leyendo y por ahí lo descubren.


Martin es un chico simple y sencillo. Solitario y triste. Pero dentro de todo, amable y bondadoso.

Su soledad siempre lo acompaña. Desde el momento que sale de trabajar hasta el que regresa a su casa. No tiene a nadie que lo escuche, que lo proteja de sus pesadillas, que lo quiera. Principalmente que lo ame.

A sus padres los perdió cuando era muy chico. No tiene recuerdos de ellos. Sus tíos se hicieron cargo de él pero al cumplir la mayoría de edad y enterarse de sus gustos sexuales, lo dejaron a su suerte.

Después de luchar por veintitrés años pudo encontrar un trabajo y un lugar digno para vivir. Su esfuerzo de seguir adelante lo motivo. Y su más fuerte deseo de encontrar a su alma gemela: Su amor eterno.


Eriol siempre fue un vampiro solitario. No le gustaba la compañía de otros de su especie. Algunos son muy malvados, a esos los detestaba. Otra viven entre las personas. Él decidió seguir ese ejemplo. Mezclándose con las personas.

Desde que fue convertido siempre tuvo repulsión por los vampiros. No le agradan. Y no hace nada por ocultarlo.

En cambio, estar con los humanos era mejor. Ellos tenían sentimientos parecidos a los de él. Se enamoraban, se enojaban y sonreían. No como los de su especie que siempre estaba de mal humor.

A pesar de todo lo que se decían de ellos eran buenos y amables. Aunque siempre había personas malas. Siempre.

Desde el momento que nació supo que su destino era terminar con un humano. No tenía la certeza de eso, pero en el fondo de su ser siempre lo supo.

Eriol siempre viajo solo. Sin nadie que lo acompañara. Después de doscientos años de búsqueda su soledad le empezó a molestar.

Y mucho.


Leo, a pesar de ser un cambiaformas lobo, nunca le gustaron los cambios. No le agradaban. Desde muy chico había luchado con garras y colmillos contra ellos pero siempre le ganaban.

Y peor aún desde la muerte de su padre.

Ninguna manada le gusto. Todas parecían vacías y sin nada para él. Esto era porque no quería admitir lo que realmente le pasaba por dentro: su corazón destrozado.

El odio y el rencor habían invadido su corazón. Destruyendo toda a su paso. Su buen humor se convirtió en un humor de perros. Maldecía desde que se levantaba hasta que se acostaba. En el último aliento su padre le había pedido que nunca cambiara su forma de ser. Pero, a pesar de que nunca le gustaron los cambios, el mismo había cambiado. Y mucho.

Había jurado vengarse de los que mataron a su padre: los vampiros. Por desgracia nunca pudo conseguir su venganza.

Un tiempo antes de que su padre muriera supo de su madre. Una humana que no había soportado dar a luz y que había fallecido cuando nació. Desde ese momento supo cuál era su destino: un humano.

Desde chico se había sentido más atraído por los hombres que por las mujeres. Eso era algo que lo enfrentaba con cualquiera en todas las manadas.

Pero ahora se sentía solo y triste. Y como nunca tuvo la oportunidad de llorar a su padre se sentía peor.

Y muy solo.


Ninguno de los tres estaba preparado para lo que el destino les tenía guardado. Ninguno juraría que este es su destino.


Todo comenzó en una noche buena muy diferente. Esa noche estaba lloviendo fuerte. Las casas se habían quedado con baja tensión. Pocas luces iluminaban las calles.

Aunque el mundo seguía festejando, Martin prefirió seguir con su pobre existencia, solo. No tenía a nadie que lo quisiera. Después de todo era una “escoria” para la sociedad.

Cansado de esperar despierto a que volviera la luz, y vencido por el cansancio del trabajo, trato de acostarse a dormir. Mucho no pudo hacer por el bullicio de sus vecinos. Todos estaban felices y con sus seres queridos. Mientras él estaba solo en su nuevo departamento, durmiendo en la cocina porque había pintado las paredes de la habitación.

Se giró por novena vez en el colchón tirado en el suelo. Al parecer la lluvia, el calor y la falta de luz no se deben mesclar. Cansado aparto las sabanas y su mirada se posó en su ventanal que daba a la calle.

Alguien desde afuera estaba parado y no se movía.


Eriol estaba cansando y hambriento. No había bebido sangre desde hacía una semana completa. Aunque aun podía aguantar un poco mas.

Caminando por las calles un olor le llenos las fosas nasales. Era lo más rico que pudo oler en toda su vida. Y lo estaba llamando.

Siguió el rastro del olor que lo dejo parado frente a una casa. Poca luz iluminaba el exterior y ninguna el interior. Pudo divisar una sombra que se movió y su control se fue a la mierda.

Su excitación lo hizo moverse. Golpeo la puerta y de un solo movimiento, la mando a volar dentro de la casa.

*****

Martin miro y se escabullo lo más lejos que las paredes le permitieron. O sea no mucho. El hombre que entro se acercó a él. Martin estaba aterrado y no encontraba la manera de huir. Estaba muerto. Ese hombre acabaría con su vida y ni siquiera sabía el motivo.

*****

Eriol se acercó al olor que se volvía cada vez más fuerte y supo que era. Su pareja estaba sentada en un rincón de la casa. Hecha una bola y apretándose contra la pared.

No podía controlar a su cuerpo. Estaba deseoso de su pareja. Cuando pudo reaccionar estaba pegado al cuerpo del humano. Éste temblaba.

Sus brazos se movieron, solos, abrazándolo. Cuando el humano levanto la vista, su cabeza bajo y tomo sus labios.

Se perdió en el sabor increíble de su pareja.

*****

Martin no podía creer lo que estaba sucediendo. Ese hombre que destrozo su puerta lo estaba besando. Y no de una manera vulgar.

Cuando sintió los labios contra los suyos su cuerpo reacciono y se relajó completamente. Puso sus manos en el rostro del hombre y abrió su boca y se entregó.

Un sabor increíble exploto en su boca. Ese hombre sabía besar como nadie. Aunque no tuviera con quien compararlo. Dejo que el otro hombre moviera sus manos por su espalda y lo levantara.

Lo aplasto contra la pared. Sus sexos se tocaron y gimieron, ambos, ante el contacto. Cuando se separaron a buscar aire Martin vio a alguien detrás del hombre que lo había hecho calentarse como nunca en su vida.



Leo caminaba por las calles solitarias. Miraba por las ventanas de las casa. Todos comiendo riendo y abrazándose. Por un momento se sintió tan solo y triste hasta que…

Levanto su nariz y rastreo el olor que le llegaba. Era una mezcla de almendras, miel y almizcle. Algo tan delicioso para su nariz. No pudo evitar preguntarse de donde provenía el aroma, así que lo siguió.

Llego a una casa cercana, con la puerta rota. Entro con cuidado cuando vio a dos cuerpos amasarse contra la pared. Por alguna razón un gruñido comenzó a formarse en su interior.

Ese delicioso olor provenía del chico que estaba siendo comprimido contra la pared. Ese chico era suyo y de nadie más.

Se acercó y detecto el aroma del otro hombre: Vampiro. Puso su mano y de un tirón lo tiro lo más lejos que pudo. Su pareja lo miro asustado y se apretó contra la pared. El vampiro se levantó y lo golpeo de atrás. Sacándole el aire de los pulmones.

Leo se levantó y golpeo al hijo de puta del vampiro en su estómago. Éste se cayó en el suelo apretándose el estómago. Leo se tocó los nudillos. ¿Le había pegado a una pared o algo así? Ese monstro era bastante duro.

Piso su cabeza y dijo:
       La próxima vez que te acerques a mi pareja te saco la cabeza. – el vampiro giro su cabeza y conecto mirada con él. Leo sintió el temblor de su cuerpo y la excitación tomar partido. Esos ojos que lo miraban lo estaban calentando. Saco su pie de la cabeza del vampiro y miro a su pareja humana. Éste reflejaba miedo en sus ojos.
       ¿estás bien? – pregunto tomando las manos del humano. El vampiro detrás de él bufo, y lo tomo por los pelos. Empujándolo contra la pared le saco todo el aire de los pulmones.


Martin miro incrédulo la escena delante de él. Dos hombres peleándose ¿por él? Miro como la pelea seguía. Los dos hombres se golpeaban contra cualquier pared y rompían todo. Nada quedaba vivo.

Su rabia comenzó a surgir. Todas las cosas que con esfuerzo consiguió, las estaban destruyendo. Además de hacer un súper alboroto en plena víspera de Navidad (aunque mucho no le importaba). Sentía que tenía que hacer o decir algo o esto terminaría peor.

Tomo todo su enojo y se levantó del piso. Se acercó a los hombres que se golpeaban contra la pared del frente y grito lo más fuerte que pudo.
       ¡BASTA! –

Ambos se giraron y se acercaron a Martin. Este retrocedió un poco y ellos se miraron. Miraron el resto de la casa y agacharon la cabeza.

Martin más que relajarse se enfureció aún más. Tanto que se olvidó que estos hombres lo superaban en fuerza y comenzó a gritar.
       ¡¿Ustedes están locos? Miren el desastre que hicieron en mi casa. ¿Qué tienen en la cabeza?! – se giró y miro la pared que tenía más cerca. Se sentía tan enojado. Tan…. No sabía más que decir. Estos hombres estaban locos.
       Discúlpame – se giró y pudo ver al primer hombre con sus ojos fijos en los de él. Un escalofrió lo recorrió. Esos ojos eran tan divinos. Un color miel que nunca vio en su vida. – lo siento – dijo el mismo hombre y su corazón salto para abrazarlo.
       ¿Qué te haces el pobre? Vampiro idiota. – el desprecio en la voz del segundo hombre lo hizo enojarse más. Se giró a enfrentarlo.
       Por lo menos pidió disculpas. Tú sigues con ese tono arrogante. Te cortaría la cabeza si pudiera. – el hombre abrió los ojos y luego los entrecerró. Su mirada mostro lujuria. Esa mirada fue a la parte baja de Martin. Cuando noto la mirada del primer hombre se sonrojo.
       El color rojo te sienta bien. – dijo el vampiro. Movió su mano al rostro del humano pero fue detenida por el lobo.
       No toques lo que me pertenece. –
       Él me pertenece a mí – dijo el vampiro. Ambos se miraron. Martin sintió otra pelea avecinarse y decidió ponerle fin.
       No otra vez. No soy de ninguno de los dos, así que MARCHENSEN – la última palabra la escupió.

Ninguno de los dos hombres se movió. Solo fijaron la mirada en el humano. Esas miradas lo estaban poniendo duro. Cuando ambos se acercaron al mismo tiempo, no aguanto más. Dejo que los brazos fuertes de ambos hombres lo rodearan y reclamaran su boca.

Dejo que ambos jugaran y chuparan su piel. Algo le decía que estaba haciendo lo correcto. Pero otro que tuviera cuidado.

Cuando el segundo pensamiento fue más fuerte, puso una mano en el pecho de cada uno y los alejo lo más que pudo. Ambos hombres lo miraban con lujuria, pero no podía seguir.

Martin se dio vuelta y miro la pared. Estaba tan confundido que no sabía qué hacer.
       No entiendo esto. No entiendo nada de esto. – se giró y miro a los dos hombres. – ¿Quiénes son y que quieren? Hace dos minutos estaban peleando y ¿ahora se juntan para besarme? –
       No lo puedo evitar. Te deseo como nunca desee a nadie. – dijo el segundo hombre que entro. Ese hombre de ojos color marrón oscuro. Tan bellos y tan deseables.
       ¿Pero ambos? ¿De qué están hablando? –
       Yo no comparto lo que es mío. – dijo el primer hombre pero la mirada que le dio al otro era de pura lujuria.
       Yo tampoco. – el otro hombre lo miraba con una mescla de deseo y odio. Sus miradas regresaron a Martin.
       ¿Cómo se llaman? – pregunto Martin.
       Eriol. Eriol Escarlata – dijo el primer hombre que llego. – soy tu pareja de por vida. – el otro hombre lo miro y bufo.
       Él es mi pareja. No te atrevas a tocarlo vampiro miserable. –
       ¿no te has dado cuenta lobo bobo no? – el hombre lo miro levantando una ceja (de la misma forma que Martin que no entendía nada) – él es nuestra pareja. – se giró hacia Martin. – ¿Cuál es tu nombre? –
       Martin Torres. Espera, ¿Qué es eso de lobo y vampiro? Están hablando figuradamente ¿no? – ambos hombres se miraron y se rieron.
       Humanos. – dijo el segundo hombre. – ah… por cierto, soy Leo Lafarcone. – dijo extendiendo la mano al humano. Éste al tomo y se estremeció. – bueno ahora que entendió la situación vas a tener que elegir. ¿el vampiro o yo? – Martin miro desconcertado. Estos hombres estaban hablando enserio. ¿esos hombres eran un vampiro y un lobo?
       Esperen. No entiendo. ¿realmente son un vampiro y un lobo? Porque es difícil de creer. –
       ¿Qué tienes miedo de nosotros? Nunca te haríamos daño. – contesto Eriol.
       Hablas por mí, porque tu seguro que lo matarías sin problemas. Vampiros. – escupió.
       Basta de peleas. Explíquenme que es esto de pareja, compañero… como se llame. Explíquense. –


Tanto el lobo como el vampiro le explicaron al humano de que se trataba ser su pareja. El lobo siempre ataco al vampiro. Éste se veía cansado y exhausto.

Martin los miraba con cariño. Entre más pasaban las horas, mas sentía que ellos lo sacarían de su soledad. Se sentía completo con su compañía.

Aunque siempre veía odio en los ojos del lobo (hacia el vampiro). También veía deseo y algo más. De la misma manera que lo miraba a él. Aunque no estaba seguro de por qué era ese odio hacia Eriol. Por el relato que contaron ellos se conocieron todos al mismo tiempo. Esto vendría de antes. Martin tendría que averiguar. Ahora.

Estaban todos sentados en el sillón. Eriol, del lado izquierdo. Leo, del derecho. Martin en el centro, separando a los dos. Leo estaba de brazos cruzados, mirando fijo a la pared del frente. Eriol estaba jugando con sus manos. Se lo notaba nervioso. Martin aprovecho el molesto silencio para hacer la pregunta que le estaba carcomiendo el cerebro.
       Leo. – Éste se giró hacia él. – ¿Por qué odias tanto a Eriol? ¿no es que recién se conocieron? – Leo miro para otro lado y Eriol se puso más nervioso. ¿Qué estaban ocultando?
Martin se puso a pensar la situación – ellos dicen que son mi pareja. Pero ambos me piden que elija a quien quiero. Pero algo me estoy perdiendo.

       Eriol está muy nervioso. Como si estuviera ocultando algo. Leo no puede ni mirarme a mí ni a Eriol. ¿puede…? – Martin se tapó la boca con la revelación de su cabeza. – ellos también son pareja, pero como Leo es tan enojado, Eriol no sabe qué hacer. – se le ocurrió una idea. – ellos tiene que hablar. – Martin tomo, con una mano, la mano de Eriol, con su otra mano, la de Leo. Juntando sus dos manos hizo que ambos lo miraran.

       Leo, no sé por qué estás enojado con Eriol, pero… Eriol está sufriendo. – cuando Leo iba a decir algo, Martin movió la mano y tapo su boca con un dedo. – Nada. Ya sé lo que pasa. Ustedes también son pareja. Pero no lo quieren reconocer. Vamos, ¿Qué están ocultando? – Leo se revolvió en su asiento. Trato de mirar para otro lado pero Martin lo detuvo. – dímelo. – Leo suspiro. Tendría que decirlo o su pareja se iría con ese vampiro
       Eso fue hace bastantes años. Una banda de vampiros entro en nuestra manada y mataron a todos los que pudieron. Entre ellos, mi padre. Logre escapar pero mi padre… no. – Leo miro hacia otro lado y contuvo el sollozo. Martin vio como Eriol se levantó y se sentó a horcajadas de Leo. Tomo su cabeza y lo beso. Todo en un moviente. Cuando se separó lo miro a los ojos. Esos ojos mostraban amor y comprensión.
       Sé que es perder a un padre por estas estúpidas guerras. Pero no puedo seguir más así. No puedo ver el enojo en tus ojos. Me estas matando. Sabes que desde el primer momento en que nos vimos supimos cómo serían las cosas. Te pido que solo me aceptes. Yo no fui el que mato a tu padre y si no lo entiendes te compensare. Pero no niegues el amor que sentimos. – Eriol movió la mano hacia Martin. Éste la tomo y se acercó a ellos. Martin por fin entendió en alma y mente lo que era ser pareja de ests hombres. Él los quería a ambos.
       Ahora somos tres. Tres personas que antes estaban solos. Ahora la pregunta es: Leo, ¿nos aceptas a los dos como tus parejas? – Leo miro a ambos mientras grandes lágrimas recorrían sus ojos. Martin las seco y beso sus labios, mientras Eriol beso su cuello.
       Si los quiero. Pero no puedo olvidar el dolor que siento… – Eriol le tapo los labios con los suyos.
       No lo olvides. Pero no me odies por eso. –
       Igual no lo puedo hacer. – Eriol y Martin sonrieron.
       Aunque no lo crea ni yo mismo. Los quiero a ambos. – confeso Martin con un sonrojo mortal.

Y con esto se acabaron las palabras. Eriol tomo la boca de Martin, mientras Leo mordió el cuello de Eriol reclamándolo como su pareja. Eriol dejo que los colmillos se clavaran en su hombro mientras la boca de su otro hombre lo devoraba. Cuando sintió que los colmillos se retiraron miro a los ojos del hombre que ahora era su pareja. En ellos había amor, mucho.

Martin se movió al lado de Leo y tomo su boca. Eriol se agacho y  clavo sus colmillos en el cuello de Leo. Leo arqueo un poco más su cabeza para que estuviera más cómodo. Mientras Martin tomaba su boca en un beso ferviente de deseo, pasión pura.

Cuando Eriol retiro los colmillos, beso la zona donde antes estaban. Leo y él se miraron y con un solo guiño supo lo que Leo quería. Quería a Martin en el medio. En un movimiento Leo se puso del lado derecho de Martin, mientras Eriol del otro lado.
       Relajate. – le dijeron Eriol y Leo. Martin lo hiso y dejo que sus hombres jugaran con él.

Eriol paso la lengua por el hombro de Martin, mientras Leo le sacaba la remera (bah, rompiéndola). Leo roso unos de los pezones y se quedó jugando con sus dedos en él. Mientras que con su lengua barría la zona en la pronto clavaria sus colmillos.

Eriol lo hizo un poco más despacio ya que hacia un tiempo que no tomaba sangre. Leo le había dado un poco de la suya, para amortiguar la sed que sentiría cuando clavara sus dientes en Martin.

Martin se distrajo tanto con los cuidados de estos hombres que ni se dio cuenta cuando ambos clavaron sus colmillos. Gimió y se quedó sin aire del placer que sintió. Esto era demasiado perfecto y lo mejor, era verdad.

Eriol deslizo sus manos por el torso de Martin hasta la hebilla del cinturón. En un movimiento la soltó y mando a volar el cinto, los pantalones y la ropa interior. Dejando en plena vista el eje de Martin listo y duro, con pre-semen goteante. Gimió ante la vista.

Leo bajo hasta que sus labios se encontraron con la cabeza del eje de Martin. Lamio las gotas perladas y se tragó todo el largo de su pareja. Eriol, por su parte, se apodero de la boca de Martin.

Martin estaba extasiado. Esto dos hombres sabían cómo complacerlo. Dejo que las manos de Eriol jugaran con sus pezones y su boca se tragara todos sus gemidos. La boca de Leo devoro todo su ser. Con cada lamida, cada succión, cada toque se acercaba más a su límite.
       Correte para mí. – dijo Leo y Martin obedeció.

Chorros de semen llenaron la boca de Leo. Éste trago todo y solo soltó el eje cuando lo sintió que ya no estaba erecto. Se movió hasta la boca de Martin, para que éste se probara. Movió su mano hasta atrapar a Eriol y logro que los tres se besaran al mismo tiempo. Sus lenguas batallando fuera de sus bocas. Probase entre ellos.

Esperaron un rato hasta que recuperan el aliento, siguieron besándose hasta que se quedaron sin aliento.

Tanto Eriol como Martin gimieron cuando Leo comenzó a desnudarse. Ese lobo era lo más hermoso que habían visto. Su cuerpo tonificado. Músculos en todas partes. Una barba corta pero que le acentuaba la cara fina. Perlo corto y negro. Y para cerrar el combo, unas piernas por las que cualquiera mataría. Por no hablar de su gran y jugosa polla. A ambos se les hizo agua la boca.

Eriol se levantó y tomo la boca de Leo en un beso desesperado. Este lobo era suyo como el humano que aún estaba sentado. No podía evitar amarlo y sentirse protegido ante su solo presencia.
       Perdón por lo de antes. – dijo Leo, mientras movía la mano por la espalda de Eriol. Tomando la punta de la remera y levantándola. Cuando la tuvo en sus manos la tiro con la suya y le hizo señas a Martin para que se acercara. – nunca pensé encontrar a un vampiro como mi compañero. –
       Y yo nunca a un lobo. – cuando sintió a Martin pegado a espalda movió sus manos para tocarlo. – perdón por lo que paso con tus padres… – Leo tapo su boca con un beso. Pero fue Martin quien hablo.
       No hay nada que perdonar. Ese no fue culpa de ninguno de ustedes. Nosotros estamos en otro momento. No somos rivales. Solo amantes. – Tanto Eriol como Leo lo miraron confundidos. – ¿Qué? Entiendo lo que me dijeron de las parejas y eso. La verdad es que siempre soñé con algo así. Ahora que los tengo no quiero perderlos. ¿se sienten así? –
       Sí. – respondieron al mismo tiempo.

Eriol desnudo despacio a Martin. Leo tenía la mirada fija en los movimientos de ambos. Y se notaba que lo gustaba por los pequeños gemidos que hacía. Martin se movió hacia delante y tomo los hombros de Leo. Como era un poco más bajo que él tuvo que ponerse de punta de pie para llegar a sus labios. Aun así no llego.
       Besame. No seas malo. – el lobo se deshizo ante el pedido y fundió sus labios con el humano. Se sentía tan bien.

Eriol se deslizo por la espalda de Martin. Dejando un camino con su lengua. Martin gimió dentro de la boca de su otro amante. Esto es el paraíso pensó. Abrió lentamente sus piernas para permitir mejor acceso a su vampiro. Sintió como éste soplaba aire entre sus bolas y luego en su entrada. Tuvo que sostenerse de los hombres del lobo para no caer en el suelo. Era una sensación que nunca había experimentado.

Leo sostuvo a su amante cuando sintió que se caía. Se notaba su poca experiencia en el amor. Recorrió toda su espalda con sus manos. Esa de piel sedosa y con gotas de sudor. Mordió y chupo despacio detrás de las orejas. Era un lugar que hacía temblar al humano. Se derretía ante su toque.

Martin estaba extasiado, pero necesitaba algo más. Su cuerpo ardía de necesidad. Necesitaba sentir a estos dos hombres dentro suyo. Aunque era consciente de su virginidad no podía calmar a su necesidad. Los necesitaba a ambos al mismo tiempo. Y rápido.

Tenía a ambos hombres tocándolo. Cuando Eriol se deslizo hacia arriba pudo sentir el duro eje del hombre y su control se fue. Su necesidad era tan fuerte que hablo por él.
       Por favor. Háganmelo. Ambos. Por favor. – dijo dando pequeños gemidos de placer.
       ¿ambos? – Pregunto Eriol jadeando.
       Sí. – contesto
       ¿seguro? – pregunto el lobo mientras mordía el lóbulo de la oreja.
       Por favor. – Leo miro a Eriol y guiño el ojo.
       Nuestra pareja nos necesita. –

Empujándolo hacia el sillón, Leo llevo a su amado dejando a Eriol debajo de él. Martin busco en un cajón cercano y saco un bote de lubricante y se lo paso a Leo.
       Veo que estabas preparado. – Martin se sonrojo. No quería decir lo de su virginidad, pero ellos eran sus parejas. Y por lo que decían y él sentía era de por vida.
       Ustedes son mis primeros. Así que cuídenme. – Leo lo miro y luego lo beso. Sintió el beso de Eriol en su espalda.
       Te amo. – dijeron los dos hombres al mismo tiempo. Por un segundo Martin se asustó, luego comprendió. Ellos iban a estar siempre con él. Nunca más la soledad.
       Y yo a ustedes. – dijo, entregándose a sus amantes.

Leo abrió el lubricante y se hecho un poco en los dedos. Estos los froto en la punta de la polla de Martin y el resto en la de Eriol. Unto un poco más sus dedos y comenzó con uno en la entrada de Martin. Éste gimió cuando sintió el dedo ingresando despacio en su cuerpo. Cuando se acostumbró al primero un segundo lo acompaño. Leo comenzó hacer tijeras en su interior.

Cuando la entrada de Martin estuvo bien estirada, Leo tomo la polla de Eriol y la acomodo en la entrada estirada. En un solo movimiento, Eriol se había empalado hasta las bolas dentro de Martin. Leo se masturbaba con la vista delante de él. Estaba tan caliente que sentía su liberación, pero quería estar dentro de Martin.

Miro a Martin y cuando este asintió, se acercó y abrió las piernas de su amante.
       ¿me quieres? – pregunto Leo.
       Ahora. – demando Martin.

A pesar de sentir a Eriol en su interior, se sentía medio completo. Faltaba Leo en él también. Cuando sintió la punta golpeando y pidiendo entrada, recién en ese momento, sintió algo de dolor mesclado con placer. Un juego que nunca iba a olvidar.

Leo se tomó su tiempo para entrar por completo. Cuando estuvo completamente dentro comenzó a moverse lento mientras comía la boca de Martin.

Eriol siguió el ritmo marcado por Leo. Se sentía tan bien siendo aplastado y sabiendo que estaba tomando a su compañero. Pero también quería sentir a Leo en su interior. Pero ahora quería que su humano sintiera todo el placer, porque cuando lo mordió pudo sentir toda su soledad y tristeza. La misma que él.

La habitación pronto se llenó solo de gemidos y pequeños golpes que daba el sillón contra la pared. Desde afuera solo venía el ruido de la lluvia, de la música y de los fuegos artificiales. Todos dentro de esa habitación olvidaron que hoy era navidad. Una caliente y lluviosa navidad.

Bastaron unos buenos empujes más y Eriol fue el primero que se corrió. Sintió cuando Martin se corrió ya que él estaba tomando, en su mano, su eje. A lo último llego Leo. Martin pudo sentir como el líquido recorría sus entrañas y se escapaba un poco por su entrada.

Leo cayó a un costado del sillón para no aplastar más a sus amantes. Martin se movió y se acurruco cerca de Leo. Eriol hizo lo mismo pero del lado de Martin. Todos estaban jadeando y completamente transpirados. Ese día el calor llegaba a los treinta y cinco grados centígrados (35º C). Pleno verano.

Martin miro hacia donde debería estar la puerta cerrada y sonrió. Nunca se imaginó encontrar de esta manera a sus otras mitades.
       ¿Qué es gracioso biscocho? – pregunto Leo. Martin frunció las cejas
       ¿Biscocho? –
       A mí me gusta cómo suena, Biscocho. – dijo Eriol con una sonrisa cómplice hacia Leo.
       Bueno. Ya se me ocurrirán algunos nombres para ustedes. – contraataco
       Lo llevare con mucho orgullo. – Dijo Leo besando a Martin y luego a Eriol.
       ¿De qué te reías? – pregunto Leo nuevamente.
       De la puerta y de cómo nos conocimos. ¿no podrías arreglarla para más…? – Leo cayo la pregunta con un beso. Se levantó y puso la puerta en su lugar.
       ¿Mejor? – pregunto. Tanto Eriol como Martin asintieron.

Aunque ninguno podía esperar al otro como su compañero, lo eran. Aunque había pasado poco tiempo se amaban, lo sabían desde el momento que sus miradas se encontraran. Ahora les quedaría un largo trayecto por recorrer. Y algunas cosas por enfrentar. Pero todos sabían que se tenían el uno al otro.

Martin sintió el murmullo de la gente y miro el reloj: las doce de la noche. Miro a sus amantes y los beso.
       Feliz Navidad. –

Nunca creyó en la magia de la Navidad. Tampoco creía en los vampiros y en los cambiaformas. Pero aquí estaba. Con dos de las cosas que no creía que existía. Y además recibió el mejor regalo de Navidad: dos hombres que lo amen. Para él la magia de la Navidad existe. Y no se lo contradigan.

Fin



1 comentario:

  1. Hola, lo primero Feliz Navidad, besos.
    y muchas gracias por el regalo.
    Muy bueno, besossssssssss.

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