Resumen
Martin siempre se preguntó si su soledad duraría toda su vida. Eriol, un vampiro de más de doscientos años siempre supo que iba a encontrar a su pareja, pero ¿Cuándo? Leo siempre fue infeliz y rencoroso. Desde la muerte de su padre juro la venganza con los vampiros.
Ahora, ¿podrán afrontar, cada uno, lo que le destino les tiene preparado?
Si quieren descargarlo, desde aqui
Aqui les dejo para que disfruten:
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historia empieza con una simple pregunta: ¿puede el amor superar cualquier
barrera? Sigan leyendo y por ahí lo descubren.
Martin es un chico simple y sencillo. Solitario y
triste. Pero dentro de todo, amable y bondadoso.
Su soledad siempre lo acompaña. Desde el momento que
sale de trabajar hasta el que regresa a su casa. No tiene a nadie que lo
escuche, que lo proteja de sus pesadillas, que lo quiera. Principalmente que lo
ame.
A sus padres los perdió cuando era muy chico. No tiene
recuerdos de ellos. Sus tíos se hicieron cargo de él pero al cumplir la mayoría
de edad y enterarse de sus gustos sexuales, lo dejaron a su suerte.
Después de luchar por veintitrés años pudo encontrar
un trabajo y un lugar digno para vivir. Su esfuerzo de seguir adelante lo
motivo. Y su más fuerte deseo de encontrar a su alma gemela: Su amor eterno.
Eriol siempre fue un vampiro solitario. No le gustaba
la compañía de otros de su especie. Algunos son muy malvados, a esos los
detestaba. Otra viven entre las personas. Él decidió seguir ese ejemplo. Mezclándose
con las personas.
Desde que fue convertido siempre tuvo repulsión por
los vampiros. No le agradan. Y no hace nada por ocultarlo.
En cambio, estar con los humanos era mejor. Ellos
tenían sentimientos parecidos a los de él. Se enamoraban, se enojaban y
sonreían. No como los de su especie que siempre estaba de mal humor.
A pesar de todo lo que se decían de ellos eran buenos
y amables. Aunque siempre había personas malas. Siempre.
Desde el momento que nació supo que su destino era
terminar con un humano. No tenía la certeza de eso, pero en el fondo de su ser
siempre lo supo.
Eriol siempre viajo solo. Sin nadie que lo acompañara.
Después de doscientos años de búsqueda su soledad le empezó a molestar.
Y mucho.
Leo, a pesar de ser un cambiaformas lobo, nunca le
gustaron los cambios. No le agradaban. Desde muy chico había luchado con garras
y colmillos contra ellos pero siempre le ganaban.
Y peor aún desde la muerte de su padre.
Ninguna manada le gusto. Todas parecían vacías y sin
nada para él. Esto era porque no quería admitir lo que realmente le pasaba por
dentro: su corazón destrozado.
El odio y el rencor habían invadido su corazón.
Destruyendo toda a su paso. Su buen humor se convirtió en un humor de perros. Maldecía desde que se levantaba
hasta que se acostaba. En el último aliento su padre le había pedido que nunca
cambiara su forma de ser. Pero, a pesar de que nunca le gustaron los cambios,
el mismo había cambiado. Y mucho.
Había jurado vengarse de los que mataron a su padre:
los vampiros. Por desgracia nunca pudo conseguir su venganza.
Un tiempo antes de que su padre muriera supo de su
madre. Una humana que no había soportado dar a luz y que había fallecido cuando
nació. Desde ese momento supo cuál era su destino: un humano.
Desde chico se había sentido más atraído por los
hombres que por las mujeres. Eso era algo que lo enfrentaba con cualquiera en
todas las manadas.
Pero ahora se sentía solo y triste. Y como nunca tuvo
la oportunidad de llorar a su padre se sentía peor.
Y muy solo.
Ninguno de los tres estaba preparado para lo que el
destino les tenía guardado. Ninguno juraría que este es su destino.
Todo comenzó en una noche buena muy diferente. Esa
noche estaba lloviendo fuerte. Las casas se habían quedado con baja tensión.
Pocas luces iluminaban las calles.
Aunque el mundo seguía festejando, Martin prefirió
seguir con su pobre existencia, solo. No tenía a nadie que lo quisiera. Después
de todo era una “escoria” para la sociedad.
Cansado de esperar despierto a que volviera la luz, y
vencido por el cansancio del trabajo, trato de acostarse a dormir. Mucho no
pudo hacer por el bullicio de sus vecinos. Todos estaban felices y con sus
seres queridos. Mientras él estaba solo en su nuevo departamento, durmiendo en
la cocina porque había pintado las paredes de la habitación.
Se giró por novena vez en el colchón tirado en el
suelo. Al parecer la lluvia, el calor y la falta de luz no se deben mesclar.
Cansado aparto las sabanas y su mirada se posó en su ventanal que daba a la
calle.
Alguien desde afuera estaba parado y no se movía.
Eriol estaba cansando y hambriento. No había bebido
sangre desde hacía una semana completa. Aunque aun podía aguantar un poco mas.
Caminando por las calles un olor le llenos las fosas
nasales. Era lo más rico que pudo oler en toda su vida. Y lo estaba llamando.
Siguió el rastro del olor que lo dejo parado frente a
una casa. Poca luz iluminaba el exterior y ninguna el interior. Pudo divisar
una sombra que se movió y su control se fue a la mierda.
Su excitación lo hizo moverse. Golpeo la puerta y de
un solo movimiento, la mando a volar dentro de la casa.
*****
Martin miro y se escabullo lo más lejos que las
paredes le permitieron. O sea no mucho. El hombre que entro se acercó a él.
Martin estaba aterrado y no encontraba la manera de huir. Estaba muerto. Ese
hombre acabaría con su vida y ni siquiera sabía el motivo.
*****
Eriol se acercó al olor que se volvía cada vez más
fuerte y supo que era. Su pareja estaba sentada en un rincón de la casa. Hecha
una bola y apretándose contra la pared.
No podía controlar a su cuerpo. Estaba deseoso de su
pareja. Cuando pudo reaccionar estaba pegado al cuerpo del humano. Éste
temblaba.
Sus brazos se movieron, solos, abrazándolo. Cuando el
humano levanto la vista, su cabeza bajo y tomo sus labios.
Se perdió en el sabor increíble de su pareja.
*****
Martin no podía creer lo que estaba sucediendo. Ese
hombre que destrozo su puerta lo estaba besando. Y no de una manera vulgar.
Cuando sintió los labios contra los suyos su cuerpo
reacciono y se relajó completamente. Puso sus manos en el rostro del hombre y
abrió su boca y se entregó.
Un sabor increíble exploto en su boca. Ese hombre sabía
besar como nadie. Aunque no tuviera con quien compararlo. Dejo que el otro
hombre moviera sus manos por su espalda y lo levantara.
Lo aplasto contra la pared. Sus sexos se tocaron y
gimieron, ambos, ante el contacto. Cuando se separaron a buscar aire Martin vio
a alguien detrás del hombre que lo había hecho calentarse como nunca en su
vida.
Leo caminaba por las calles solitarias. Miraba por las
ventanas de las casa. Todos comiendo riendo y abrazándose. Por un momento se
sintió tan solo y triste hasta que…
Levanto su nariz y rastreo el olor que le llegaba. Era
una mezcla de almendras, miel y almizcle. Algo tan delicioso para su nariz. No
pudo evitar preguntarse de donde provenía el aroma, así que lo siguió.
Llego a una casa cercana, con la puerta rota. Entro
con cuidado cuando vio a dos cuerpos amasarse contra la pared. Por alguna razón
un gruñido comenzó a formarse en su interior.
Ese delicioso olor provenía del chico que estaba
siendo comprimido contra la pared. Ese chico era suyo y de nadie más.
Se acercó y detecto el aroma del otro hombre: Vampiro.
Puso su mano y de un tirón lo tiro lo más lejos que pudo. Su pareja lo miro
asustado y se apretó contra la pared. El vampiro se levantó y lo golpeo de
atrás. Sacándole el aire de los pulmones.
Leo se levantó y golpeo al hijo de puta del vampiro en
su estómago. Éste se cayó en el suelo apretándose el estómago. Leo se tocó los
nudillos. ¿Le había pegado a una pared o algo así? Ese monstro era bastante
duro.
Piso su cabeza y dijo:
–
La próxima vez
que te acerques a mi pareja te saco la cabeza. – el vampiro giro su cabeza y
conecto mirada con él. Leo sintió el temblor de su cuerpo y la excitación tomar
partido. Esos ojos que lo miraban lo estaban calentando. Saco su pie de la
cabeza del vampiro y miro a su pareja humana. Éste reflejaba miedo en sus ojos.
–
¿estás bien? –
pregunto tomando las manos del humano. El vampiro detrás de él bufo, y lo tomo
por los pelos. Empujándolo contra la pared le saco todo el aire de los
pulmones.
Martin miro incrédulo la escena delante de él. Dos
hombres peleándose ¿por él? Miro como la pelea seguía. Los dos hombres se
golpeaban contra cualquier pared y rompían todo. Nada quedaba vivo.
Su rabia comenzó a surgir. Todas las cosas que con
esfuerzo consiguió, las estaban destruyendo. Además de hacer un súper alboroto
en plena víspera de Navidad (aunque mucho no le importaba). Sentía que tenía
que hacer o decir algo o esto terminaría peor.
Tomo todo su enojo y se levantó del piso. Se acercó a
los hombres que se golpeaban contra la pared del frente y grito lo más fuerte
que pudo.
–
¡BASTA! –
Ambos se giraron y se acercaron a Martin. Este
retrocedió un poco y ellos se miraron. Miraron el resto de la casa y agacharon
la cabeza.
Martin más que relajarse se enfureció aún más. Tanto
que se olvidó que estos hombres lo superaban en fuerza y comenzó a gritar.
–
¡¿Ustedes están
locos? Miren el desastre que hicieron en mi casa. ¿Qué tienen en la cabeza?! –
se giró y miro la pared que tenía más cerca. Se sentía tan enojado. Tan…. No sabía
más que decir. Estos hombres estaban locos.
–
Discúlpame – se giró
y pudo ver al primer hombre con sus ojos fijos en los de él. Un escalofrió lo
recorrió. Esos ojos eran tan divinos. Un color miel que nunca vio en su vida. –
lo siento – dijo el mismo hombre y su corazón salto para abrazarlo.
–
¿Qué te haces el
pobre? Vampiro idiota. – el desprecio en la voz del segundo hombre lo hizo
enojarse más. Se giró a enfrentarlo.
–
Por lo menos
pidió disculpas. Tú sigues con ese tono arrogante. Te cortaría la cabeza si
pudiera. – el hombre abrió los ojos y luego los entrecerró. Su mirada mostro
lujuria. Esa mirada fue a la parte baja de Martin. Cuando noto la mirada del
primer hombre se sonrojo.
–
El color rojo te
sienta bien. – dijo el vampiro. Movió su mano al rostro del humano pero fue
detenida por el lobo.
–
No toques lo que
me pertenece. –
–
Él me pertenece a
mí – dijo el vampiro. Ambos se miraron. Martin sintió otra pelea avecinarse y decidió
ponerle fin.
–
No otra vez. No
soy de ninguno de los dos, así que MARCHENSEN – la última palabra la escupió.
Ninguno de los dos hombres se movió. Solo fijaron la
mirada en el humano. Esas miradas lo estaban poniendo duro. Cuando ambos se
acercaron al mismo tiempo, no aguanto más. Dejo que los brazos fuertes de ambos
hombres lo rodearan y reclamaran su boca.
Dejo que ambos jugaran y chuparan su piel. Algo le
decía que estaba haciendo lo correcto. Pero otro que tuviera cuidado.
Cuando el segundo pensamiento fue más fuerte, puso una
mano en el pecho de cada uno y los alejo lo más que pudo. Ambos hombres lo
miraban con lujuria, pero no podía seguir.
Martin se dio vuelta y miro la pared. Estaba tan
confundido que no sabía qué hacer.
–
No entiendo esto.
No entiendo nada de esto. – se giró y miro a los dos
hombres. – ¿Quiénes son y que quieren? Hace dos minutos estaban peleando y
¿ahora se juntan para besarme? –
–
No lo puedo
evitar. Te deseo como nunca desee a nadie. – dijo el segundo hombre que entro.
Ese hombre de ojos color marrón oscuro. Tan bellos y tan deseables.
–
¿Pero ambos? ¿De qué
están hablando? –
–
Yo no comparto lo
que es mío. – dijo el primer hombre pero la mirada que le dio al otro era de
pura lujuria.
–
Yo tampoco. – el
otro hombre lo miraba con una mescla de deseo y odio. Sus miradas regresaron a
Martin.
–
¿Cómo se llaman?
– pregunto Martin.
–
Eriol. Eriol
Escarlata – dijo el primer hombre que llego. – soy tu pareja de por vida. – el
otro hombre lo miro y bufo.
–
Él es mi pareja.
No te atrevas a tocarlo vampiro miserable. –
–
¿no te has dado
cuenta lobo bobo no? – el hombre lo miro levantando una ceja (de la misma forma
que Martin que no entendía nada) – él es nuestra pareja. – se giró hacia
Martin. – ¿Cuál es tu nombre? –
–
Martin Torres.
Espera, ¿Qué es eso de lobo y vampiro? Están hablando figuradamente ¿no? –
ambos hombres se miraron y se rieron.
–
Humanos. – dijo
el segundo hombre. – ah… por cierto, soy Leo Lafarcone. – dijo extendiendo la
mano al humano. Éste al tomo y se estremeció. – bueno ahora que entendió la
situación vas a tener que elegir. ¿el vampiro o yo? – Martin miro
desconcertado. Estos hombres estaban hablando enserio. ¿esos hombres eran un
vampiro y un lobo?
–
Esperen. No
entiendo. ¿realmente son un vampiro y un lobo? Porque es difícil de creer. –
–
¿Qué tienes miedo
de nosotros? Nunca te haríamos daño. – contesto Eriol.
–
Hablas por mí,
porque tu seguro que lo matarías sin problemas. Vampiros. – escupió.
–
Basta de peleas.
Explíquenme que es esto de pareja, compañero… como se llame. Explíquense. –
Tanto el lobo como el vampiro le explicaron al humano
de que se trataba ser su pareja. El lobo siempre ataco al vampiro. Éste se veía
cansado y exhausto.
Martin los miraba con cariño. Entre más pasaban las
horas, mas sentía que ellos lo sacarían de su soledad. Se sentía completo con
su compañía.
Aunque siempre veía odio en los ojos del lobo (hacia
el vampiro). También veía deseo y algo más. De la misma manera que lo miraba a
él. Aunque no estaba seguro de por qué era ese odio hacia Eriol. Por el relato
que contaron ellos se conocieron todos al mismo tiempo. Esto vendría de antes.
Martin tendría que averiguar. Ahora.
Estaban todos sentados en el sillón. Eriol, del lado
izquierdo. Leo, del derecho. Martin en el centro, separando a los dos. Leo
estaba de brazos cruzados, mirando fijo a la pared del frente. Eriol estaba
jugando con sus manos. Se lo notaba nervioso. Martin aprovecho el molesto
silencio para hacer la pregunta que le estaba carcomiendo el cerebro.
–
Leo. – Éste se giró
hacia él. – ¿Por qué odias tanto a Eriol? ¿no es que recién se conocieron? –
Leo miro para otro lado y Eriol se puso más nervioso. ¿Qué estaban ocultando?
Martin se puso a pensar la situación – ellos dicen que son mi pareja. Pero ambos me
piden que elija a quien quiero. Pero algo me estoy perdiendo. –
–
Eriol está muy nervioso. Como si estuviera ocultando
algo. Leo no puede ni mirarme a mí ni a Eriol. ¿puede…? – Martin se tapó la boca con la revelación de su
cabeza. – ellos también son pareja, pero
como Leo es tan enojado, Eriol no sabe qué hacer. – se le ocurrió una idea.
– ellos tiene que hablar. – Martin
tomo, con una mano, la mano de Eriol, con su otra mano, la de Leo. Juntando sus
dos manos hizo que ambos lo miraran.
–
Leo, no sé por
qué estás enojado con Eriol, pero… Eriol está sufriendo. – cuando Leo iba a
decir algo, Martin movió la mano y tapo su boca con un dedo. – Nada. Ya sé lo
que pasa. Ustedes también son pareja. Pero no lo quieren reconocer. Vamos, ¿Qué
están ocultando? – Leo se revolvió en su asiento. Trato de mirar para otro lado
pero Martin lo detuvo. – dímelo. – Leo suspiro. Tendría que decirlo o su pareja
se iría con ese vampiro
–
Eso fue hace
bastantes años. Una banda de vampiros entro en nuestra manada y mataron a todos
los que pudieron. Entre ellos, mi padre. Logre escapar pero mi padre… no. – Leo
miro hacia otro lado y contuvo el sollozo. Martin vio como Eriol se levantó y
se sentó a horcajadas de Leo. Tomo su cabeza y lo beso. Todo en un moviente.
Cuando se separó lo miro a los ojos. Esos ojos mostraban amor y comprensión.
–
Sé que es perder
a un padre por estas estúpidas guerras. Pero no puedo seguir más así. No puedo
ver el enojo en tus ojos. Me estas matando. Sabes que desde el primer momento
en que nos vimos supimos cómo serían las cosas. Te pido que solo me aceptes. Yo
no fui el que mato a tu padre y si no lo entiendes te compensare. Pero no
niegues el amor que sentimos. – Eriol movió la mano hacia Martin. Éste la tomo
y se acercó a ellos. Martin por fin entendió en alma y mente lo que era ser
pareja de ests hombres. Él los quería a ambos.
–
Ahora somos tres.
Tres personas que antes estaban solos. Ahora la pregunta es: Leo, ¿nos aceptas
a los dos como tus parejas? – Leo miro a ambos mientras grandes lágrimas
recorrían sus ojos. Martin las seco y beso sus labios, mientras Eriol beso su
cuello.
–
Si los quiero.
Pero no puedo olvidar el dolor que siento… – Eriol le tapo los labios con los
suyos.
–
No lo olvides.
Pero no me odies por eso. –
–
Igual no lo puedo
hacer. – Eriol y Martin sonrieron.
–
Aunque no lo crea
ni yo mismo. Los quiero a ambos. – confeso Martin con un sonrojo mortal.
Y con esto se acabaron las palabras. Eriol tomo la
boca de Martin, mientras Leo mordió el cuello de Eriol reclamándolo como su
pareja. Eriol dejo que los colmillos se clavaran en su hombro mientras la boca
de su otro hombre lo devoraba. Cuando sintió que los colmillos se retiraron
miro a los ojos del hombre que ahora era su pareja. En ellos había amor, mucho.
Martin se movió al lado de Leo y tomo su boca. Eriol
se agacho y clavo sus colmillos en el
cuello de Leo. Leo arqueo un poco más su cabeza para que estuviera más cómodo.
Mientras Martin tomaba su boca en un beso ferviente de deseo, pasión pura.
Cuando Eriol retiro los colmillos, beso la zona donde
antes estaban. Leo y él se miraron y con un solo guiño supo lo que Leo quería.
Quería a Martin en el medio. En un movimiento Leo se puso del lado derecho de
Martin, mientras Eriol del otro lado.
–
Relajate. – le dijeron
Eriol y Leo. Martin lo hiso y dejo que sus hombres jugaran con él.
Eriol paso la lengua por el hombro de Martin, mientras
Leo le sacaba la remera (bah, rompiéndola). Leo roso unos de los pezones y se quedó
jugando con sus dedos en él. Mientras que con su lengua barría la zona en la
pronto clavaria sus colmillos.
Eriol lo hizo un poco más despacio ya que hacia un
tiempo que no tomaba sangre. Leo le había dado un poco de la suya, para
amortiguar la sed que sentiría cuando clavara sus dientes en Martin.
Martin se distrajo tanto con los cuidados de estos
hombres que ni se dio cuenta cuando ambos clavaron sus colmillos. Gimió y se quedó
sin aire del placer que sintió. Esto era demasiado perfecto y lo mejor, era
verdad.
Eriol deslizo sus manos por el torso de Martin hasta
la hebilla del cinturón. En un movimiento la soltó y mando a volar el cinto,
los pantalones y la ropa interior. Dejando en plena vista el eje de Martin
listo y duro, con pre-semen goteante. Gimió ante la vista.
Leo bajo hasta que sus labios se encontraron con la
cabeza del eje de Martin. Lamio las gotas perladas y se tragó todo el largo de
su pareja. Eriol, por su parte, se apodero de la boca de Martin.
Martin estaba extasiado. Esto dos hombres sabían cómo
complacerlo. Dejo que las manos de Eriol jugaran con sus pezones y su boca se
tragara todos sus gemidos. La boca de Leo devoro todo su ser. Con cada lamida,
cada succión, cada toque se acercaba más a su límite.
–
Correte para mí.
– dijo Leo y Martin obedeció.
Chorros de semen llenaron la boca de Leo. Éste trago
todo y solo soltó el eje cuando lo sintió que ya no estaba erecto. Se movió
hasta la boca de Martin, para que éste se probara. Movió su mano hasta atrapar
a Eriol y logro que los tres se besaran al mismo tiempo. Sus lenguas batallando
fuera de sus bocas. Probase entre ellos.
Esperaron un rato hasta que recuperan el aliento,
siguieron besándose hasta que se quedaron sin aliento.
Tanto Eriol como Martin gimieron cuando Leo comenzó a
desnudarse. Ese lobo era lo más hermoso que habían visto. Su cuerpo tonificado.
Músculos en todas partes. Una barba corta pero que le acentuaba la cara fina.
Perlo corto y negro. Y para cerrar el combo, unas piernas por las que
cualquiera mataría. Por no hablar de su gran y jugosa polla. A ambos se les hizo
agua la boca.
Eriol se levantó y tomo la boca de Leo en un beso
desesperado. Este lobo era suyo como el humano que aún estaba sentado. No podía
evitar amarlo y sentirse protegido ante su solo presencia.
–
Perdón por lo de
antes. – dijo Leo, mientras movía la mano por la espalda de Eriol. Tomando la
punta de la remera y levantándola. Cuando la tuvo en sus manos la tiro con la
suya y le hizo señas a Martin para que se acercara. – nunca pensé encontrar a
un vampiro como mi compañero. –
–
Y yo nunca a un
lobo. – cuando sintió a Martin pegado a espalda movió sus manos para tocarlo. –
perdón por lo que paso con tus padres… – Leo tapo su boca con un beso. Pero fue
Martin quien hablo.
–
No hay nada que
perdonar. Ese no fue culpa de ninguno de ustedes. Nosotros estamos en otro
momento. No somos rivales. Solo amantes. – Tanto Eriol como Leo lo miraron
confundidos. – ¿Qué? Entiendo lo que me dijeron de las parejas y eso. La verdad
es que siempre soñé con algo así. Ahora que los tengo no quiero perderlos. ¿se
sienten así? –
–
Sí. –
respondieron al mismo tiempo.
Eriol desnudo despacio a Martin. Leo tenía la mirada
fija en los movimientos de ambos. Y se notaba que lo gustaba por los pequeños
gemidos que hacía. Martin se movió hacia delante y tomo los hombros de Leo.
Como era un poco más bajo que él tuvo que ponerse de punta de pie para llegar a
sus labios. Aun así no llego.
–
Besame. No seas
malo. – el lobo se deshizo ante el pedido y fundió sus labios con el humano. Se
sentía tan bien.
Eriol se deslizo por la espalda de Martin. Dejando un
camino con su lengua. Martin gimió dentro de la boca de su otro amante. Esto es el paraíso pensó. Abrió
lentamente sus piernas para permitir mejor acceso a su vampiro. Sintió como
éste soplaba aire entre sus bolas y luego en su entrada. Tuvo que sostenerse de
los hombres del lobo para no caer en el suelo. Era una sensación que nunca había
experimentado.
Leo sostuvo a su amante cuando sintió que se caía. Se
notaba su poca experiencia en el amor. Recorrió toda su espalda con sus manos.
Esa de piel sedosa y con gotas de sudor. Mordió y chupo despacio detrás de las
orejas. Era un lugar que hacía temblar al humano. Se derretía ante su toque.
Martin estaba extasiado, pero necesitaba algo más. Su
cuerpo ardía de necesidad. Necesitaba sentir a estos dos hombres dentro suyo. Aunque
era consciente de su virginidad no podía calmar a su necesidad. Los necesitaba
a ambos al mismo tiempo. Y rápido.
Tenía a ambos hombres tocándolo. Cuando Eriol se
deslizo hacia arriba pudo sentir el duro eje del hombre y su control se fue. Su
necesidad era tan fuerte que hablo por él.
–
Por favor.
Háganmelo. Ambos. Por favor. – dijo dando pequeños gemidos de placer.
–
¿ambos? –
Pregunto Eriol jadeando.
–
Sí. – contesto
–
¿seguro? –
pregunto el lobo mientras mordía el lóbulo de la oreja.
–
Por favor. – Leo
miro a Eriol y guiño el ojo.
–
Nuestra pareja
nos necesita. –
Empujándolo
hacia el sillón, Leo llevo a su amado dejando a Eriol debajo de él. Martin busco
en un cajón cercano y saco un bote de lubricante y se lo paso a Leo.
–
Veo que estabas
preparado. – Martin se sonrojo. No quería decir lo de su virginidad, pero ellos
eran sus parejas. Y por lo que decían y él sentía era de por vida.
–
Ustedes son mis
primeros. Así que cuídenme. – Leo lo miro y luego lo beso. Sintió el beso de
Eriol en su espalda.
–
Te amo. – dijeron
los dos hombres al mismo tiempo. Por un segundo Martin se asustó, luego comprendió.
Ellos iban a estar siempre con él. Nunca más la soledad.
–
Y yo a ustedes. –
dijo, entregándose a sus amantes.
Leo abrió el lubricante y se hecho un poco en los dedos.
Estos los froto en la punta de la polla de Martin y el resto en la de Eriol.
Unto un poco más sus dedos y comenzó con uno en la entrada de Martin. Éste gimió
cuando sintió el dedo ingresando despacio en su cuerpo. Cuando se acostumbró al
primero un segundo lo acompaño. Leo comenzó hacer tijeras en su interior.
Cuando la entrada de Martin estuvo bien estirada, Leo
tomo la polla de Eriol y la acomodo en la entrada estirada. En un solo
movimiento, Eriol se había empalado hasta las bolas dentro de Martin. Leo se
masturbaba con la vista delante de él. Estaba tan caliente que sentía su
liberación, pero quería estar dentro de Martin.
Miro a Martin y cuando este asintió, se acercó y abrió
las piernas de su amante.
–
¿me quieres? –
pregunto Leo.
–
Ahora. – demando
Martin.
A pesar de sentir a Eriol en su interior, se sentía
medio completo. Faltaba Leo en él también. Cuando sintió la punta golpeando y
pidiendo entrada, recién en ese momento, sintió algo de dolor mesclado con placer.
Un juego que nunca iba a olvidar.
Leo se tomó su tiempo para entrar por completo. Cuando
estuvo completamente dentro comenzó a moverse lento mientras comía la boca de
Martin.
Eriol siguió el ritmo marcado por Leo. Se sentía tan
bien siendo aplastado y sabiendo que estaba tomando a su compañero. Pero
también quería sentir a Leo en su interior. Pero ahora quería que su humano
sintiera todo el placer, porque cuando lo mordió pudo sentir toda su soledad y
tristeza. La misma que él.
La habitación pronto se llenó solo de gemidos y
pequeños golpes que daba el sillón contra la pared. Desde afuera solo venía el
ruido de la lluvia, de la música y de los fuegos artificiales. Todos dentro de
esa habitación olvidaron que hoy era navidad. Una caliente y lluviosa navidad.
Bastaron unos buenos empujes más y Eriol fue el
primero que se corrió. Sintió cuando Martin se corrió ya que él estaba tomando,
en su mano, su eje. A lo último llego Leo. Martin pudo sentir como el líquido recorría
sus entrañas y se escapaba un poco por su entrada.
Leo cayó a un costado del sillón para no aplastar más
a sus amantes. Martin se movió y se acurruco cerca de Leo. Eriol hizo lo mismo
pero del lado de Martin. Todos estaban jadeando y completamente transpirados.
Ese día el calor llegaba a los treinta y cinco grados centígrados (35º C). Pleno
verano.
Martin miro hacia donde debería estar la puerta
cerrada y sonrió. Nunca se imaginó encontrar de esta manera a sus otras
mitades.
–
¿Qué es gracioso
biscocho? – pregunto Leo. Martin frunció las cejas
–
¿Biscocho? –
–
A mí me gusta cómo
suena, Biscocho. – dijo Eriol con una sonrisa cómplice hacia Leo.
–
Bueno. Ya se me
ocurrirán algunos nombres para ustedes. – contraataco
–
Lo llevare con
mucho orgullo. – Dijo Leo besando a Martin y luego a Eriol.
–
¿De qué te reías?
– pregunto Leo nuevamente.
–
De la puerta y de
cómo nos conocimos. ¿no podrías arreglarla para más…? – Leo cayo la pregunta
con un beso. Se levantó y puso la puerta en su lugar.
–
¿Mejor? –
pregunto. Tanto Eriol como Martin asintieron.
Aunque ninguno podía esperar al otro como su
compañero, lo eran. Aunque había pasado poco tiempo se amaban, lo sabían desde
el momento que sus miradas se encontraran. Ahora les quedaría un largo trayecto
por recorrer. Y algunas cosas por enfrentar. Pero todos sabían que se tenían el
uno al otro.
Martin sintió el murmullo de la gente y miro el reloj:
las doce de la noche. Miro a sus amantes y los beso.
–
Feliz Navidad. –
Nunca creyó en la magia de la Navidad. Tampoco creía
en los vampiros y en los cambiaformas. Pero aquí estaba. Con dos de las cosas
que no creía que existía. Y además recibió el mejor regalo de Navidad: dos
hombres que lo amen. Para él la magia de la Navidad existe. Y no se lo contradigan.


Hola, lo primero Feliz Navidad, besos.
ResponderBorrary muchas gracias por el regalo.
Muy bueno, besossssssssss.